Asumimos, también, la responsabilidad de escribir el libro de la memoria de las mujeres matriarcas profetas y mártires que entregaron su vida en fidelidad al Evangelio, en la defensa de la madre tierra y de todas las vidas del planeta. Del mismo modo, decidimos reunirnos como mujeres el día de María Magdalena para consolidar nuestro proceso de afianzamiento en las iglesias.
Hacemos un llamamiento a las iglesias para que respondan evangélicamente a la dramática situación de las personas migrantes, desplazadas y refugiadas; apoyamos a las iglesias que ya han asumido ese compromiso y llamamos a los gobiernos a acogerles como hijas e hijos de Dios.
Expresamos la decisión de continuar articuladas y articulados al Movimiento por el Cierre de la Escuela de las Américas (SOAW) en sus acciones en la frontera de Estados Unidos y México en sus movilizaciones no violentas de noviembre de 2018 y en su acción en Georgia en conmemoración de los 30 años del asesinato de los jesuitas y de las mujeres que les colaboraban, de noviembre de 2019.
También expresamos la disposición a intercambiar saberes como pueblos originarios y afrodescendientes sobre nuestra espiritualidad desde el saber ancestral, aun sabiendo de la desconfianza que persiste en razón de un pasado “evangelizador” que excluyó, destruyó e visibilizó la fuerza de nuestras expresiones espirituales propias. Por eso, invitamos a las iglesias a acercarse con humildad a estas fuentes, pues el Evangelio no se puede imponer, solo proponer. Invitamos a nuestra Iglesia Católica en América Latina a recordar su pasado y complicidad con el mal de la esclavitud y sus secuelas, y a reconocer la santidad de las culturas negras forjada desde formas africanas de recordar a los antepasados y sus culturas.
La unción que en nuestro Encuentro propusimos y aceptamos como jóvenes, nos animará a la inclusión de la población juvenil en todas nuestras actividades, sobre la base de que el presente, el futuro y la memoria del pasado, se construyen en el diálogo permanente entre las generaciones.
Finalmente, pedimos a nuestro Dios Padre y Madre que nos ayude a ser fieles a la palabra dicha en este Encuentro Medellín + 50 y a los sentimientos que afloraron contagiándonos de la energía esperanzadora en un mundo mejor, que será posible con el empeño de las mujeres, hombres, niñas, niños, jóvenes indígenas, afrodescendientes, mestizos, que estuvimos presentes físicamente y de quienes se conectan espiritualmente desde distintos lugares del planeta, gracias a la labor de los medios de comunicación amigos que lo difundieron por todo el mundo.

Comparte en tus redes...